MARÍA GOYRI


«Asistimos en la actualidad a un creciente interés por la personalidad y la obra de quien no se limitó a ser mujer y colaboradora de Ramón Menéndez Pidal. Es de estricta justicia destacar la importancia de María Goyri como pedagoga, como investigadora, y (a pesar de que nunca lo pretendió) como personaje público relevante en la vida cultural española del siglo XX. La impronta de su labor en favor de la educación y la dignificación del trabajo de la mujer, y en la modernización de los métodos de enseñanza en la escuela pública española, dejaron una profunda huella en la que es necesario profundizar. Otro tanto puede decirse de sus aportaciones esenciales a la historia literaria hispánica en los campos del Romancero, la cuentística, o los estudios sobre Lope de Vega, que sólo muy parcialmente llegaron a publicarse en vida de la autora».

J. Antonio Cid


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    “Mi camaradería con chicos me enseñó a tratarles y a hacer que me respetasen, lo que en mi juventud me sirvió de mucho cuando me encontré en la universidad, única muchacha, rodeada de estudiantes, de los que recibí siempre muestras de cortesía"




    "Sesudos y doctos varones recordaron la famosa frasecita de Schopenhauer, asegurando que las mujeres éramos unos animalitos de cabellos largos e ideas cortas. Sostuvieron que nuestro deber era zurcir calcetines, guisar, mimar al marido, y que todo esto era incompatible con el estudio de la Filosofía. Sin embargo, yo jamás he advertido esa incompatibilidad, y me he ocupado siempre de mi casa, como si no hubiera leído otra cosa que el Manual de la perfecta cocinera"




    “Y una mañana he entrado en la vieja casona de la calle de San Bernardo. Mezcladas con los muchachos, centenares de jovencitas discurren por los pasillos. Son muchas. Vaya usted una mañana a la Universidad; así podrá usted comprobar que nuestra causa ha triunfado"




    “Las aficiones tan parejas de estudios, lecturas y recreos fueron las que nos unieron para el tráfago de toda la vida. Claro que a todo esto precedió ese algo inefable que ata fuertemente las almas de aquellos que "para en uno son" antes de que ellos se den cuenta”




    “El hacer vida de Robinson siempre tiene muchos alicientes, y aflorar una fuente, hacer la comida, servirla en trebejos que dejábamos bajo el Puente Descalzo de una excursión para otra, dormir por la noche en hamacas colgadas de los pinos, pasar vario días vivaqueando en una tienda de campaña en Peñalara, constituían nuestra mayor diversión”





    “La escuela primaria debe ser cuidada maravillosamente, porque la pedagogía no es una palabra baldía ni insensata como se empeñan en demostrar los que la desconocen. Enseñar exige maestro. El maestro debe saberlo ser”






    “Admiro el ver la Universidad tan limpia, allí nadie fuma ni escupe; no hay una raya ni una mancha en los bancos ni en las paredes y no hay un ugier ni un mozo, todo se mantiene en orden por la cultura del público. Hay tantas mujeres como hombres y de todos los países."




    “«A los Menéndez Pidal nunca les pasa nada que haya que contar», acostumbraba a decir una persona que nos conoce, y no es porque nuestra vida no haya tenido vicisitudes, sino que vivimos hacia adentro, nos nos producimos de puertas a fuera”






    “Cada vez estoy más de acuerdo con lo que decía Jimena de la educación. Con unos cuantos sabios se puede arreglar el mundo, pero hace falta que todos tengan un concepto un poco elevado de la vida porque es lo que puede evitar que demos al prójimo contra una esquina. Dios me dé ante todo una persona de conciencia y venga lo demás como añaduría"






    “Remito a V. el artículo ofrecido que, como le anuncié, resulta un poco largo. Si por este motivo o algún otro no le conviene publicarlo no tenga empacho en devolvérmelo enseguida. Creo que tiene cierta unidad, que pone de manifiesto el sentimiento erótico de Lope en un periodo importante de su vida. Las enmiendas a lopistas anteriores las hago con discreción, pero claro es que los apegados a sus conclusiones no las admitirán, y tendrán razón. Yo no disputo; expongo datos"





    “Para juzgar a los grandes poetas e internarse en su pensamiento se necesita aquel ardor de fantasía, aquella conmoción del espíritu misma que necesitó el autor original. A sangre fría, sin ese incendio de la mente, no apreciamos la mayor parte de las bellezas que nos dejaron los grandes poetas"




    “MENÉNDEZ PIDAL, Señora de. Persona de gran talento, de gran cultura, de una energía extraordinaria que ha pervertido a su marido y a sus hijos; muy persuasiva y de las personas más peligrosas de España. Es sin duda una de las raíces más robustas de la revolución”



    María Amalia Vicenta Goyri nace el 29 de agosto de 1873 en Madrid, en la calle Goya número catorce. Durante los tres primeros años de su vida, reside en Madrid donde disfruta de una infancia feliz y enriquecedora de la mano de su madre, Amalia Goyri, una ilustrada mujer dotada de un sentido pedagógico innato que elaboró un plan educativo exhaustivo e instruyó personalmente a su hija. Amalia le inculcó desde niña que el haber nacido mujer no la condenaba a abandonar sus inquietudes. Hablaba siempre en francés a su hija, por lo que María aprendió esta lengua con soltura.

    Sus orígenes eran vascos y desde los tres a los cinco años vivió en Algorta (Bilbao). En 1878, regresa a Madrid donde su madre, consciente de la importancia de la formación intelectual y física de la mujer, adelantándose a su tiempo, la inscribió en una academia de dibujo, donde era la única niña, y en un gimnasio. María, por tanto, se acostumbró a tener como compañeros de juego a niños. Aprende su primer romance, ¿Dónde vas Alfonso XII? y su primera poesía seria, unas décimas de La Vida es sueño de Calderón de la Barca.

    De su progenitora heredó también su gusto por caminar al aire libre, su afición por el campo y las excursiones que ponía en práctica en las frecuentes visitas que realizaban a familiares. María guardó recuerdos imborrables de las experiencias vividas durante sus estancias en Algorta, Deusto y en Piedrahita (Pesquera). Y también de Celada del Camino (Burgos), del Palacio de los Castro, donde residía el tío de su madre, Bartolomé Goyri Barrenechea, alcalde de Burgos y bisabuelo de la escritora María Teresa León Goyri.

    A los doce años, llegó el momento de ampliar su formación y comenzó a estudiar en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Esta institución, cuna del feminismo español, fue creada en 1870 por Fernando de Castro con el objetivo de contribuir al fomento de la educación e instrucción de la mujer y a la mejora de su condición individual y social en todas las esferas de la vida. En 1888 obtuvo el título de “Comercio” de la Escuela de Comercio y en 1891 el de “Institutriz” de la Escuela de Institutrices. Sus profesores y compañeras coincidían al definirla como una alumna de un talento e inteligencia superiores; destacaban también algunas de sus virtudes, como el verdadero entusiasmo con que hacía las cosas, la modestia, el amor al trabajo, su carácter independiente y su originalidad.

    Muy aficionada al teatro y a los espectáculos de la época, asistía frecuentemente a las representaciones del Teatro Español donde las declamaciones de Rafal Calvo y Antonio Vico despertaron su pasión por la literatura y su interés en adquirir más conocimientos acerca de ésta.

    En la Escuela Normal de Maestras, obtuvo un suspenso en la asignatura de Religión que, además de su evidente injusticia, no le permitía obtener el título de Bachillerato ese mismo año. Sin perder su tesón, decidió estudiar el grado en el Instituto Cardenal Cisneros. En tan sólo un año, por enseñanza libre en convocatorias y con sobresaliente en casi todas las asignaturas, obtuvo el Título de Bachillerato en 1892.

    Cuando se dirigió a la Universidad para continuar sus estudios, le comunicaron que no se contemplaba el caso de una matrícula femenina. Ante la imposibilidad de matricularse oficialmente por ser una mujer, consiguió un permiso del Ministerio de Fomento que le permitía asistir como oyente a las clases de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid. Para conseguirla, tuvo que lograr que todos los profesores que iban a darle clase informasen que su presencia no provocaría disturbios ni alteraciones del orden en la clase. Lo consiguió, pero cada día, al llegar a la universidad, no se le permitía estar en los pasillos y era conducida por un bedel al Decanato de la Facultad donde permanecía encerrada hasta la llegada del catedrático que la acompañaba a la primera clase. Una vez allí, debía sentarse en el primer banco, aislada del resto de sus compañeros. Acabada la primera clase, era reconducida al mismo cuartucho donde tenía que esperar al segundo catedrático y este ciclo se repetía hasta el final de la jornada.

    En 1892 tuvo lugar en el Ateneo de Madrid el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano. En la sesión nocturna del 21 de Octubre, en la Sección V, dedicada a la mujer con el título, "Concepto y límites de la Educación de la Mujer y la aptitud profesional de ésta", María Goyri se dio a conocer con una valiente intervención en la que afirmaba que no podía dudarse de las aptitudes y de los derechos que las mujeres tenían para formarse y trabajar, algo que se conseguiría a pesar de quienes se opusieran. Su lectura fue interrumpida en varios momentos, porque arrancaba los aplausos de los congresistas y al finalizar, recibió un efusivo abrazo de Emilia Pardo Bazán quien escribió sobre ello en La Nación de Buenos Aires en 1910). A este congreso dedicó su primer artículo, Una Información, que fue publicado en la revista pedagógica La Escuela Moderna.

    Tras un año asistiendo sólo como oyente, en 1893, logró matricularse oficialmente en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. María fue una de las primeras mujeres que lo consiguieron en España. Con su presencia en las aulas, marcó el camino a seguir a futuras generaciones de alumnas. No será hasta 1910 cuando la Universidad abra sus puertas oficialmente a estudiantes femeninas.

    Eran los años de la gran época del Ateneo de Madrid con su magnífica biblioteca y sus Cursos Superiores dirigidos por Menéndez Pelayo. María asistió a estos cursos y tuvo como profesores a Marcelino Menéndez Pelayo, Ramón Menéndez Pidal, Manuel B. Cossío, Emilia Pardo Bazán o Manuel Antón Fernández, entre otros.

    En una de estas conferencias, en 1896, conoce a Ramón Menéndez Pidal y comienza su amistad. Él preparaba su tesis doctoral sobre "Don Juan Manuel” y ella una edición crítica de "El Conde Lucanor". Intercambiaban libros y conversaban sobre sus intereses y lecturas comunes. El Paseo de Recoletos, a un paso de la Biblioteca Nacional que ambos frecuentaban, fue su punto de encuentro y paseo en muchas ocasiones.

    Desde el inicio de sus estudios María mostró un gran interés y una preocupación especial por apoyar la educación de las mujeres y se implicó en ello. En 1894, empezó a trabajar como profesora de las Escuelas Primarias en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Enseñó Literatura y también elaboró los programas pedagógicos de las asignaturas Lengua Española y Literatura para niñas de 8 a 10 años.

    En 1895, obtuvo por oposición el Premio de la asignatura Literatura española con un ejercicio sobre Quintana convirtiéndose en la primera mujer que lograba un premio académico en la universidad. En 1896, obtuvo el título de Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad Central de Madrid con nota de Sobresaliente. Fue la única alumna femenina en la orla. A pesar de que realizó un curso de doctorado, no leerá su tesis hasta 1909.

    Comienza sus primeros trabajos de investigación sobre Don Juan Manuel y los cuentos medievales. Durante una de sus visitas familiares a Celada del Camino, escribió unos relatos adaptados para niños que serán el origen del “Romancero escolar”.

    En la primavera de 1897, Ramón Menéndez Pidal y María Goyri se escribían diariamente y su correspondencia adquirió un tono más afectuoso. Ramón se aficionó a los paseos por la carretera del Pardo uniéndose al grupo formado por María, su íntima amiga, Carmen Gallardo y su marido José Ibáñez Marín. Se convierten en precursores excursionistas por la Sierra del Guadarrama. Desde Villalba y Cercedilla subían a los puertos de Navacerrada, León y Cotos, para cruzar al Paular y a San Rafael donde se encontraban con otros apasionados del campo como Giner de los Ríos, Riaño y Cossío. Estas excursiones, de las que ellos siempre guardaron preciados recuerdos, fortalecieron su afecto convirtiéndolo en amor.

    Durante estos años, asistió a clases de alemán y sánscrito y escribió varios artículos para la Revista Popular, en la sección “Crónicas Femeninas” acerca de la educación de las mujeres para las faenas agrícolas. Una epidemia de tifus en Madrid la sorprendió trabajando en El Cid y en una antología de prosistas para el Ministerio de Fomento. Publicó en la Revue Hispanique, un artículo criticando la traducción al inglés del Conde Lucanor de James York.

    En Diciembre de 1899, Ramón fue nombrado catedrático numerario de Filología comparada de Latín y Castellano. Tras tres años de noviazgo, ultiman los detalles de su boda a la que la familia de él se opone abiertamente. La familia de Menéndez Pidal era muy conservadora y no aceptaban a María porque no les gustaban las literatas, ni las mujeres con carrera; además, María era hija y también nieta natural. Los hermanos de Ramón tenían preparada para él una rica heredera a la que él encontraba la mar de sosa y con la que preveía un futuro aburrido y problemático. Don Ramón lo tenía muy claro y no dejaba de destacar las virtudes de su enamorada que “no prometía ninguna rica dote sino las de una gran inteligencia y su austera discreción”; además elogiaba “su cordura y sensatez, el saber apreciar lo que vale la sencillez de la vida, su temperamento trabajador, el apreciar la vida saludable, la actividad fecunda como cosa mucho más grande que la distracción frívola, holgada, y hasta el aparentar desprovista de corazón, teniéndolo muy grande para todo afecto elevado”.

    El 5 de Mayo de 1900 se celebró su boda con Ramón Menéndez Pidal en la Iglesia de San Sebastián de Madrid. Como viaje de luna de miel, optaron por la original idea de recorrer los pueblos de la Ruta del destierro del Cid con el aliciente de estudiar la topografía del Cantar del Mío Cid. Una larga travesía que el matrimonio realizó en tren, caminando, a lomos de una mula o cruzando lagos en una balsa y que pronto alimentó el hechizo intelectual de que ambos eran presa con un hallazgo que cambiaría sus vidas para siempre.

    Fue en Burgo de Osma, donde habían hecho un alto en el camino para presenciar un eclipse solar cuando a María Goyri se le ocurrió recitar el romance de “La boda estorbada” a una lavandera con la que conversaban. Esta señora les dijo que se lo sabía y además conocía muchos otros que se aprestó a cantarles; María creyó reconocer en uno de ellos un relato histórico, la muerte del príncipe don Juan. Y, en efecto, era un romance del siglo XV desconocido a todas las colecciones, por lo que, olvidándose del eclipse, se apresuraron a copiar éste y otros romances y buscaron al Maestro de la Capilla de la Catedral para que recogiese las melodías. Acababan de descubrir que los romances de tradición oral procedentes de Castilla estaban vivos y que ellos los estaban escribiendo por primera vez desde que dejaron de recogerse en el Siglo de Oro. Este hecho les inspiró la creación de un archivo propio del Romancero y marcó el comienzo de la incesante tarea de localización, identificación, recolección y clasificación de romances de tradición oral que desarrollaron a lo largo de toda su vida.

    El 31 de Enero de 1901, nació su hija Jimena quien creció estimulada por el espíritu familiar de amor al estudio que impregnó su carácter y alumbró sus inquietudes. Jimena estudió en la Institución libre de Enseñanza donde maestros de la talla de Bartolomé Cossío, Francisco Giner de los Ríos, Pedro Blanco o Ricardo Rubio dejaron en ella una profunda huella que no hizo más que avivar ese talento pedagógico que había heredado de su abuela Amalia y de su madre.

    Siguieron desarrollando el proyecto de su nuevo Archivo y comenzaron a elaborar listas geográficas de las versiones que iban reuniendo en las que María Goyri anotaba cuidadosamente los dos primeros octosílabos de cada versión y su procedencia. Además ya habían conseguido la colaboración de algunos eficaces corresponsales.

    Veraneaban en El Paular, alojándose en las antiguas celdas del Monasterio. Allí coincidían con los poetas Enrique de Mesa y Enrique de la Vega, con escritores como Salvador de Madariaga y los hermanos Baroja, con pintores como Enrique Simonet y con la familia Troyano-De los Ríos, que convirtieron la cartuja en un foco de cultura estival, centro neurálgico del movimiento científico y excursionista de la tradición de la Institución Libre de Enseñanza. Desde aquí realizaban nuevas excursiones a Miraflores por senda de montaña, a La Granja cruzando el Reventón y a Peñalara.

    Como parte de su labor social, en 1903, forma parte de la comisión de “La Junta de Damas de la Unión Iberoamericana de Madrid”, una de las primeras organizaciones femeninas de caridad. Por iniciativa de esta Junta se creó un año después otra obra filántropica laica, el “Centro Iberoamericano de cultura popular femenina”, cuyo fin era facilitar a las mujeres de todas las clases sociales la cultura necesaria para el cumplimiento de sus obligaciones familiares

    El 15 de Mayo de 1904, nace su segundo hijo, Ramón. Sus paseos veraniegos por los pueblos del valle del Lozoya les permitieron entrar en contacto con muchos conocedores de romances. Su estrategia para conseguir sacarles esa “esquiva, y reacia musa de la tradición” era declamar el comienzo de los romances que se sabían de memoria para que los lugareños acabaran recitando o cantando con ellos. También hacían uso del fonógrafo que les servía tanto para recoger la tonada como para engatusar a los informantes con música y bailes.

    En otoño de 1904, Ramón fue nombrado por el rey Alfonso XIII “representante regio” para mediar en el conflicto fronterizo entre Perú y Ecuador. Emprendió un viaje a Hispanoamérica que les mantuvo separados cinco meses y que aprovechó para recoger romances que iba enviando a María para su clasificación. Durante este período, María Goyri quedó al cuidado de sus hijos y corrigió las pruebas y galeradas del “Manuelito” de Ramón, elaboró el “Manual elemental de gramática histórica española” y escribió el artículo “Los centros de cultura femenina”, para la revista Unión Ibero-Americana.

    En 1908, muere su hijo Ramón en El Paular. El matrimonio emprendió un viaje a América, vía París, donde Ramón tenía que dar un curso de conferencias en la Johns Hopkins University de Baltimore y otro en la Columbia University de Nueva York. María escribió largas cartas a su madre con comentarios sobre todo lo que observaba en estos países; las costumbres, la enseñanza, los grupos sociales, la moda, su admiración al ver universidades tan limpias, con tantas alumnas como alumnos y de todos los países. «Llevo una porción de datos y de libros para ver de hacer algún artículo sobre estos colegios porque no hay idea de lo que son estas colonias de mujeres», escribe.

    En verano, la pareja realizó excursiones dialectológicas por León y Asturias. Ante la dificultad de tener acceso a los romances ocultos de distintas comarcas, María Goyri comenzó a crear un manual del encuestador, basado en su experiencia recolectora, que contenía consejos e instrucciones para facilitar la búsqueda así como un listado de áreas donde se habían encontrado versiones. Con el título "Romances que deben buscarse en la tradición oral", se publicó como artículo en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos Este manual resultaría de gran utilidad para las posteriores etapas en la exploración del Romancero oral.

    Su otra pasión como filóloga e investigadora fue Lope de Vega. Una investigación que comenzó en su juventud con el curso de doctorado y la preparación de su tesis doctoral, “La difunta pleiteada” que finalmente leyó y publicó en 1909. Cautivada por la biografía y la creación del poeta así como por su talento para transformar la vida en arte, publicó cuarenta y dos estudios y reseñas en destacadas revistas de investigación; “yo fui la última conquista de Lope”, afirmaba. Sin embargo, sus obras más importantes quedaron inéditas a su muerte. La primera, una biografía amorosa de la juventud del poeta donde se pone de manifiesto su erudición sobre el tema y la exquisita sensibilidad con que lo aborda y en la que expone sus novedosas tesis sobre la cronología de estos amores junto con la autoría y fechas de varias de sus obras teatrales y poéticas. Y, la segunda, una edición con numerosas anotaciones del corpus de romances atribuibles al Fénix fruto de una laboriosa lectura de El Romancero General de 1600 de Huntington.

    El 12 de Abril de 1911 nace su hijo Gonzalo, un inquieto niño con una curiosidad abierta a múltiples campos, que muy pronto manifestó su interés por la fotografía y que, al igual que su hermana Jimena, estudió en la Institución Libre de Enseñanza y se convirtió en un precoz excursionista.

    El papel como colaboradora activa de María Goyri en la vida y obra de Ramón Menéndez Pidal fue constante. Ella preparó algunas de las conferencias que el filólogo impartió en un nuevo viaje que le llevó a Argentina en 1914 para impartir un curso que suponía un primer paso en la fundación de la Institución Cultural Española en Buenos Aires, primer modelo de acción cultural exterior continuada con la que Junta para Ampliación de Estudios complementaba su anterior sistema de becas en el extranjero.

    Entretanto, María Goyri se ocupó de estimular a dos jóvenes investigadores y nóveles recolectores de romances cubanos —Carolina Poncet y José María Chacón y Calvo— que habían publicado dos artículos sobre los romances en Cuba. María escribirá dos reseñas sobre dichos artículos para “El Romancero tradicional de las Antillas” además de asesorarles y enfervorizarles a continuar y profundizar más en esta labor. Consiguió también la colaboración de una de las más eficaces colectoras de romances, la asturiana Josefina Sela; “ya ves que la cosecha crece” escribía a Ramón.

    Ese verano María se encargó de poner a punto la recién construida casa serrana en San Rafael que se convertirá en un símbolo para toda la familia y que ese mismo verano comenzó a llenarse de amigos como Giner de los Ríos —que pasó aquí su último verano— o Ricardo Rubio con su mujer e hijos. Aún saca tiempo para continuar trabajando en el Romancero infantil y en la corrección de la Gramática de Don Ramón.

    En Octubre de 1915 abrió sus puertas la Residencia de Señoritas en la calle Fortuny que arrancó con un grupo de 30 alumnas. María Goyri fue nombrada profesora de Literatura y dos años después directora de Lengua y Literatura española de la Sección Secundaria. Creada por la Junta para Ampliación de Estudios a imagen de la Residencia de Estudiantes y con el apoyo del International Institute for Girls in Spain, su principal objetivo era el fomento de la educación universitaria de la mujer. Dirigida por María de Maeztu, la Residencia contó con otras notables profesoras y colaboradoras como María Zambrano, Maruja Mallo, Zenobia Camprubí, Gabriela Mistral, Victoria Ocampo y Clara Campoamor, entre otras. La afluencia de estudiantes fue tal que hizo necesaria su división en grupos y el alquiler de nuevos edificios. Cuatro años después la Residencia contaba ya con 130 alumnas y se constituyó un comité, presidido por María Goyri para gestionar el intercambio de estudiantes con los colleges estadounidenses y la concesión de becas a alumnas españolas para estudiar en el extranjero.

    A lo largo de su vida, María Goyri demostró una gran sensibilidad hacia los menos favorecidos socialmente por lo que en 1916 formó parte de la decena fundadora del "Protectorado del niño delincuente", un bello proyecto filantrópico creado por Alice Pestana que se ocupó de la protección y reeducación de los niños delincuentes. Fueron Concepción Arenal y sus obras las que inspiraron a Pestana para crear este proyecto que dedicó a Doña Concepción y a Francisco Giner de los Ríos y en el que intervinieron como asesores Cossío, Azcárate o José Giner Pantoja, entre otros. Pero en 1924, tuvo que clausurarse la Casa-Escuela por falta de medios para sostenerla y el Protectorado tuvo que volver al sistema inicial de pupilaje con familias acogedoras o a los asilos.

    El Instituto Escuela se inaugura en 1918, una nueva iniciativa escolar creada por la Junta para Ampliación de Estudios y heredera del modelo pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza. Un proyecto en el que María Goyri llevaba trabajando con gran entusiasmo en los años previos a su apertura; tanto en su organización general como en la redacción de los programas y la metodología de la enseñanza de la Lengua y Literatura Española, de la que fue directora en la sección preparatoria. Elaboró un programa integral y renovador en el que la gramática se aliaba con la literatura y la expresión oral se convertía en gran protagonista por su capacidad de desinhibir a los alumnos. Introdujo el recitado que les ayudaba a ejercitar el ritmo de dicción y la memoria a la vez que les desvelaba la belleza de la poesía y despertaba su interés por el conocimiento de la métrica. También colaboró con la creación de la Biblioteca Literaria del Estudiante, una cuidadosa selección de textos clásicos de la literatura española, complemento ideal para la enseñanza de estas asignaturas, cuyos ejemplares fueron publicados por el Centro de Estudios Históricos. El Instituto Escuela reunió a toda la familia; María enseñaba y formaba a profesores y era miembro del Patronato directivo al que también pertenecía Ramón Menéndez Pidal, Jimena se incorporó posteriormente como profesora de juegos y deportes y Gonzalo fue alumno hasta terminar el bachillerato.

    Durante una visita a Granada en 1920, el matrimonio y su hija Jimena, son acompañados por un jovencito que les condujo por las calles del Albaicín y por las cuevas del Sacro Monte donde entraron en contacto con gitanos granadinos que sabían muchos romances y no tardaron en recitarles mientras ellos los anotaban. Ese muchacho que nada sabía por entonces de esta tradición oral era Federico García Lorca; este encuentro despertó su interés por el romancero que culminaría en la creación de Romancero gitano. También Gloria Giner y Fernando de los Ríos recogieron durante aquel mismo año versiones granadinas, contribuyendo al conocimiento del romancero en la Andalucía oriental, que por aquel entonces era desconocido.

    En 1922 tiene lugar la boda de su hija Jimena con el brillante científico Miguel Catalán en la Iglesia San Marcos de Madrid. Miguel había sido profesor de Jimena en la Residencia de Señoritas, en el edificio del International Institute for Girls in Spain. Siguiendo la tradición familiar, la joven pareja aprovechó su luna de miel para recoger romances en Zaragoza; “veremos que tales colectores resultáis”, les escribe María.

    Durante estos años, trabaja en el diccionario Calpe con la colaboración de Jimena Menéndez-Pidal y Miguel Catalán. Colabora también en tres obras de Menéndez Pidal corrigiendo las pruebas: El poema del Cid y otras gestas heroicas, y el El Rey Rodrigo, el último godo y La España del Cid. Empieza con el Diccionario manual. En 1927, Ramón es nombrado director de la Academia Española.

    En 1925 Ramón, María y la madre de ésta, Amalia, se trasladan a una nueva casa, un olivar en las afueras de Madrid, en Chamartín de la Rosa, cuya construcción se había iniciado en 1923 y que les acarreó muchos quebraderos de cabeza. Este nuevo espacio les permitió acomodar el gran caudal de textos y notas que habían ido acumulando y que no cesaba de crecer. Aquí se trasladaron también su hija Jimena y su marido Miguel Catalán y posteriormente su hijo Gonzalo con su mujer Elisa Bernis. Este emblemático olivar se convirtió por tanto en un laboratorio de ideas y fue frecuentado por grandes personalidades de la cultura española de la época. En esta casa, hoy sede de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, vivieron y trabajaron hasta su muerte.

    En 1927, muere su madre, Amalia Goyri que siempre había vivido con ellos. Fue una triste pérdida para toda la familia ya que Amalia fue una figura crucial en sus vidas aportándoles cariño, apoyo y protección. Una mujer carismática y vanguardista, que había ejercido de forma ejemplar su papel de educadora, primero con su hija y después con sus nietos en los que sembró un gran amor y de la que siempre conservarían el más tierno recuerdo.

    En verano de 1930, Ramón Menéndez Pidal, María Goyri y Gonzalo, viajaron por Asturias y Cantabria con el propósito de presenciar los “bailes romanceados” que además de ser descritos se filmaron por primera vez.

    Los recortes económicos a la educación que la dictadura de Primo de Rivera había venido imponiendo acabaron con el proyecto del Protectorado y obstaculizaron el progreso del Instituto Escuela. Se publicó un manifiesto contra estas medidas firmado por más de cien catedráticos y Ramón Menéndez Pidal escribió públicamente una carta al dictador que se publicó en el periódico El Sol.

    Sin embargo, la proclamación de la segunda república en 1931 trajo consigo un periodo de florecimiento cultural y un esfuerzo de renovación y expansión de la enseñanza que María Goyri y su familia promovieron. El Centro de Estudios Históricos se involucra con el Romancero que crece y se difunde en grabaciones; las tradiciones populares se recuperan y se incorporan a los planes de estudios. El Instituto Escuela se reorganiza y abre nuevos centros en Barcelona, Valencia y Sevilla ampliando su programa de actividades extraescolares con excursiones y viajes al extranjero, colonias de verano, las misiones pedagógicas y numerosas representaciones teatrales. Se crea también la Universidad Internacional de Santander, de la cual fue Rector Ramón Menéndez Pidal.

    María Goyri continuó además con su labor social ejerciendo la caridad con una orden salesiana de niños abandonados que tenía una Escuela de Oficios en Madrid. También colaboró en el proyecto solidario de María Sánchez Arbós, un grupo escolar de niños desfavorecidos económicamente, organizando la recogida de ropa y material escolar, enviándoles libros e implicándose con clases de Lengua y Literatura.

    En Julio de 1936 estalla la guerra civil. Los descampados de las Cuarenta Fánegas, próximos a su casa eran cada mañana escenario de atroces fusilamientos y su casa de San Rafael pasó a formar parte del área de alzamiento. Ante esta inseguridad, aceptaron por un tiempo la invitación del Embajador de México, Pérez Treviño de pernoctar en su casa. Pero en diciembre, Ramón Menéndez Pidal hubo de emprender un exilio forzoso y desde Burdeos pasó a Cuba y después a Estados Unidos. La guerra separa la familia y María Goyri se refugia junto a Jimena, su marido y su hijo Diego en una casa alquilada en la ciudad de Segovia. Son estos unos años precarios que los tres dedican a la educación de su nieto. En su correspondencia se evidencia la angustia de esa separación y los intentos frustrados de viajar a EEUU para reunirse con Ramón.

    Los Archivos del Romancero y la Historia de la Lengua fueron depositados en el sótano de la Embajada de México para después viajar a Valencia como parte del Tesoro Cultural Nacional y de aquí al castillo de Peralada de Barcelona. Tras la conquista de Barcelona, algunos de los archivos fueron enviados a Ginebra donde permanecieron junto a las Meninas hasta el final de la guerra; finalizada ésta regresan a su casa de Chamartín.

    Se emite una terrible acusación sobre todos los miembros de la familia, por haber formado parte de la ya mencionada renovación de la escuela, gran logro de la República española y que fue la causa de que muchos maestros sufrieran en la Guerra Civil o en la posguerra acusaciones, muerte o prisión.

    Acabada la guerra, en 1939, Ramón Menéndez Pidal consiguió regresar a España. “Cuando volvía a España, tenía alguna esperanza, aunque no mucha, de hallar en ella una atmósfera próxima a descargarse de los rencores que toda la guerra civil deja tras de sí. Desvanecida esta esperanza, creo lo mejor permanecer aparte, confiando en que, aunque por mi edad ya no lo vea, vendrán tiempos sin odios en que nuestra España pueda ser una en los espíritus y grande en el esfuerzo”, escribió el filólogo tras su llegada.

    La dictadura franquista prohibió todos los centros docentes auspiciados por la Junta para la Ampliación de Estudios por sus ideas liberales. La Residencia de Señoritas y el Instituto Escuela también tuvieron que cerrar sus puertas. María fue obligada a abandonar el proyecto educativo en el que llevaba trabajando toda su vida. Sin embargo, jamás consiguieron que perdiera su vocación y compromiso con la pedagogía ni que decayera su entusiasmo y amor al trabajo.

    En 1940, su hija Jimena junto a un pequeño grupo de profesores del Instituto Escuela, fundó el Colegio “Estudio” en la calle Oquendo de Madrid. María fue la directora oficial de este colegio y enseñó Literatura hasta 1946. También escribió un texto de la representación de la “Historia del Romancero” que tuvo lugar en el Teatro de la Comedia de Madrid.

    En los últimos años de su vida, la investigadora se dedicó a cuidar y mejorar el archivo familiar y a investigar, recopilar y sistematizar las diferentes versiones de romances de la tradición oral para el Archivo del Romancero. Termina su obra “La Celia de Lope de Vega” y finaliza sus libros “De Lope de Vega y del Romancero” y “Los romances de Gazul”.

    El 28 de noviembre de 1954, María Goyri muere en Madrid. "Su falta me deja en completo desconcierto (...), mi centro familiar acaba de sufrir el más luctuoso golpe (...), la desaparición de la persona más querida (...), ella me deja en toda su vida ejemplo de fortaleza austera, consagrada al bien en sí misma y al bien de los demás", escribía Ramón Menéndez Pidal.

    Marta GM
    Fundación Ramón Menéndez Pidal


    Bibliografía de María Goyri




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